Lo que no podés ver de vos mismo: por qué esa persona te saca tanto

Hola 👋

Había una clienta que me decía, cada sesión, lo mismo: «Es que la gente es tan poco auténtica. Todo el mundo aparenta, nadie dice lo que realmente piensa.»

Lo decía con una convicción genuina. Y mientras lo decía, llevaba tres meses evitando una conversación difícil con su pareja. Diciéndole que estaba bien cuando no lo estaba. Sonriendo en reuniones donde quería decir que no.

No lo veía. No podía verlo.

Eso es la sombra.

¿Cómo se muestra lo que escondemos?

La sombra no manda un aviso. Se cuela por las rendijas. Las señales más frecuentes:

  • Alguien te irrita de una manera que no podés explicar del todo racionalmente
  • Reaccionás con una intensidad que no cierra con lo que pasó
  • Criticás en otros algo que, si te detenés, tiene algo que ver con vos
  • Hay un rasgo que admirás tanto en otros que casi duele no tenerlo
  • Te juzgás muy duramente por algo «pequeño» que hiciste

Ninguna de estas reacciones es mala. Son información. Son la sombra tocando la puerta.

Una aclaración importante

Esto no significa que lo que te hacen los demás no existe, ni que vos sos «culpable» de todo lo que te pasa.

Significa que a veces la intensidad de tu reacción tiene una raíz más profunda que la situación en sí. Y que vale la pena mirarla.

La diferencia entre proyectar y percibir con claridad no siempre es obvia. Por eso este trabajo requiere honestidad, no autoflagelación.

Ejercicio: encontrá una pista de tu sombra

Elegí a alguien que te genere una reacción fuerte, ya sea rechazo o admiración intensa. Respondé estas preguntas:

  1. ¿Qué es exactamente lo que te molesta o lo que admirás? Sé específica/o. No «me molesta cómo es», sino ¿qué rasgo concreto?
  2. ¿Hay alguna versión de eso en vos? No idéntica. Una versión. Aunque sea pequeña. Aunque la hayas reprimido hace mucho.
  3. ¿Qué pasaría si te permitieras tener ese rasgo, aunque sea en pequeñas dosis?

No hace falta llegar a una conclusión hoy. Solo observar.

Mi clienta, la de «la gente es poco auténtica», tardó un rato en verlo. Pero cuando lo vio, no se derrumbó. Se rio. «Ay. Soy yo.» Y desde ahí, algo empezó a moverse.

Con cariño, María Laura
Uncoachenti

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