Una noche, un zorro envidió la luz de una luciérnaga. “¿Quién eres tú para brillar tanto siendo tan pequeña?”, le dijo con desprecio.
El zorro intentó apagarla, persiguiéndola sin descanso. La luciérnaga, cansada, le preguntó:
—¿Por qué me persigues? Yo no soy tu alimento.
El zorro respondió:
—Porque no soporto ver tu luz.
La luciérnaga entonces comprendió: la envidia no tiene lógica, solo teme a lo que ilumina.
La luz de los demás no apaga la nuestra. La envidia habla más de la oscuridad interior de quien la siente que de la persona que brilla.
Preguntas para reflexionar
- ¿Has sentido envidia de la luz de alguien más?
- ¿O has sido como la luciérnaga, brillando a pesar de críticas o comparaciones?
- ¿Qué pasaría si en lugar de competir con la luz de otro, eligieras encender la tuya?
