Hola 👋
Son las once de la noche del domingo.
El fin de semana pasó. Hiciste cosas, muchas cosas. Pero hay una sensación que no se fue. Esa de que faltó algo. De que podrías haber aprovechado más. De que vos podrías haber sido más.
¿Te suena?
Una pregunta que incomoda
Te hago una pregunta y te pido que no la respondas rápido: ¿quién sos cuando no estás haciendo nada?
No quién sos en tu trabajo. No quién sos como madre, pareja o profesional. No quién sos cuando sos útil o productivo. ¿Quién sos, simplemente, vos?
Para muchas personas esa pregunta genera un silencio raro. Y en ese silencio, casi sin darse cuenta, aparece el movimiento: se levantan, buscan algo que hacer, responden un mensaje, ordenan algo que no necesitaba ser ordenado.
Porque quedarse quieto con esa pregunta da miedo.
Lo que aprendiste sin que nadie te lo dijera
Nadie te dijo explícitamente: «tu valor depende de lo que producís.» No hizo falta. Lo aprendiste igual. Porque desde muy chico entendiste qué versión de vos generaba amor, aprobación y seguridad… y la repetiste.
El abrazo cuando sacabas buenas notas. El orgullo cuando te esforzabas. El reconocimiento cuando eras «bueno», «responsable», «maduro para tu edad». Y así, de a poco, quedó grabada una ecuación muy profunda: hacer bien → merecer → estar bien.
El problema no es la ecuación. El problema es cuando se convierte en la única manera que conocés de sentirte bien con vos mismo. Cuando descansar empieza a sentirse como traición. Cuando la pausa empieza a sentirse como peligro.
Las señales que quizás no estás viendo
La autoexigencia no siempre se ve como estrés o agotamiento. A veces se disfraza de:
- Te cuesta sentarte sin hacer nada — algo adentro te dice que estás perdiendo el tiempo
- Celebrás poco lo que lograste — casi sin terminar algo ya estás pensando en lo siguiente
- Cuando descansás, no descansás del todo — siempre hay una parte evaluando lo que falta
- Te resulta difícil pedir ayuda — sentís que «deberías poder solo»
- Cuando te preguntan cómo estás, respondés con lo que estás haciendo: «bien, muy ocupado»
Un ejercicio para esta semana
Elegí un momento de calma y respondé con honestidad:
- ¿Qué pasa en tu cuerpo cuando no estás haciendo nada? ¿Aparece inquietud, culpa, ansiedad? ¿O podés simplemente estar?
- ¿Qué actividades disfrutás sin que tengan que «producir» algo? Si no te sale ninguna respuesta fácil, eso ya es información muy importante.
- ¿Cuándo fue la última vez que descansaste sin culpa? No dormiste. No «recargaste pilas para mañana». Simplemente, descansaste.
No hay respuestas correctas. Solo hay honestidad. Y a veces, eso solo ya mueve algo.
Hay personas que cargan con este peso durante años sin ponerle nombre. Y cuando finalmente lo nombran, lo primero que sienten es alivio.
«Hace tanto que no me lo pregunto», me dijo una clienta cuando le pregunté qué disfrutaba más allá de todo lo que hacía. No lo dijo con tristeza. Lo dijo con sorpresa. Como si hubiera descubierto una habitación en su propia casa que nunca había abierto.
Pensá en la última vez que te diste permiso de no hacer nada. Sin justificarlo, sin compensarlo después, sin sentirte en deuda con nadie. ¿Cuándo fue? Si tardás en recordarlo, esa respuesta ya te está diciendo algo importante.
Con cariño, María Laura
Uncoachenti
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