Un alfarero tenía dos vasijas con las que transportaba agua. Una estaba perfecta; la otra tenía una pequeña grieta.
Cada día, al llegar a casa, la vasija rota entregaba menos agua y se sentía inútil.
El alfarero le sonrió y le mostró el camino: del lado donde ella perdía agua habían crecido flores hermosas.
—Tu grieta riega belleza todos los días, aunque no lo veas.
Nuestras imperfecciones no nos restan valor: pueden ser el canal de belleza y propósito para otros.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué parte de ti juzgas como una “grieta”?
- ¿Podría ser que en realidad sea un don oculto?
- ¿Qué flores ha hecho crecer en tu vida aquello que creías una debilidad?
